Xavi Ayén: «Vargas Llosa siempre fue cercano; García Márquez parecía estar en lo alto de una montaña, en un castillo y rodeado de soldados»

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La agente literaria Carmen Balcells posa sonriente con García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y el guionista español Ricardo Muñoz Suay. Faltan Julio Cortázar y Carlos Fuentes
La agente literaria Carmen Balcells posa sonriente con García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y el guionista español Ricardo Muñoz Suay. Faltan Julio Cortázar y Carlos Fuentes

«La historia de un grupo de amigos que cambió la literatura para siempre» suena perfecto y tentador para sumergirse en ella. En verdad es mucho más que eso. Se trata de una extensa investigación periodística que involucra profundas entrevistas con varios de los protagonistas, más de 300 fuentes consultadas y una depurada, obsesiva recopilación de datos que confluyen en Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que cambió todo. Escrito por el periodista cultural catalán Xavi Ayén -redactor del diario La Vanguardia de Barcelona-, el libro ganó el premio Gaziel de Biografías y Memorias en 2013 y ahora tiene una segunda edición (Debate) que incluye declaraciones que la súper agente y DT de la selección del boom Carmen Balcells pidió no hacer públicas antes de su muerte (ocurrida en septiembre de 2015) y nuevos testimonios que contribuyen a retratar en detalle el fenómeno que, no solo en cifras de ventas, conmovió el universo cultural de Occidente.

Finalmente parece haber coincidencia en afirmar que la palabra «boom» surgió de un texto del chileno Luis Harss ¿Cómo podría explicar el origen del término que terminó definiendo a este fenómeno?

– Este es un tema sobre el que había bastante confusión pero ahora está claro que «boom» se utilizó por primera vez en la revista Primera Plana, en agosto de 1966, y que lo utilizó precisamente Luis Harss. Para aclarar su significado añadió entre paréntesis: «Auge». Harss tomó el término de unos reportajes en los que se referían al boom económico de Italia y decidió aplicarlo a la literatura. En un congreso, el crítico Rodríguez Monegal reconoció públicamente que Harss era el padre del concepto. A mí parece apropiado, como si hubiera sido un big bang a partir del cuál se creó el universo que ahora habitamos. Estos escritores abolieron las fronteras nacionales y posibilitaron que sus obras fueran publicadas en muchos países a la vez. Así se multiplicó la cantidad de lectores en español en todo el mundo. Hoy es habitual, pero antes cuando se citaba a los grandes escritores vivos del momento se hablaba de europeos y estadounidenses. Ellos pusieron a América Latina en el mapa.

García Márquez y Vargas Llosa
García Márquez y Vargas Llosa

El término define no solo a un grupo de escritores, sino a un fenómeno editorial.

–Sí, es un término que cuaja, en parte, porque el boom ya había comenzado cuando se acuñó. Harss habló por primera vez del boom cuando faltaba un año para que Cien años de soledad -la novela que generó todo- se publicase en 1967. Muchas de las grandes obras del boom, desde Rayuela a La ciudad y los perros, nacieron sin que el movimiento hubiera sido bautizado todavía.

Durante los años 60 y principios de los 70 sucedió esta revolución que comenzó de manera más o menos silenciosa en Buenos Aires con la primera edición de Cien años de soledad, y que sirvió de marco para la publicación de algunas de las novelas capitales de la literatura hispanoparlante en el siglo XX – y de la cual emergieron los premios Nobel de literatura Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. En paralelo, cambiaron las reglas del negocio editorial para siempre. «Carmen Balcells creó el oficio en España. Cambió las normas de los contratos, poniéndoles límite temporal y geográfico, y se convirtió en una especie de madre para los escritores, con los que tuvo una enorme intimidad», afirma Ayén.

Xavi Ayén
Xavi Ayén

El papel de Carmen Balcells es, a lo largo del libro, «determinante». Aunque su autor aclara que «cuando ella empezó a trabajar con los autores la ola ya existía». Para Ayén «lo que hizo Balcells fue subirse y dirigir esa ola. Ningún agente, y Carmen tampoco, podía conseguir que comiencen a comprarse masivamente determinadas novelas. Fue necesaria una confluencia de elementos y lo que consiguió ella fue que los escritores se ganaran la vida escribiendo, algo que hoy no es nada fácil. Balcells creía que la escritura no es un hobby y puso a los escritores a trabajar profesionalmente, liberandolos de todas las cargas incluso las familiares. Se ocupó de que no les faltase de nada, de que tuvieran cinta para la máquina de escribir, la escuela para los hijos, médicos, una casa donde vivir… Cuando no tenían dinero, se lo adelantaba».

“Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que cambió todo” (Debate), de Xavi Ayén
“Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que cambió todo” (Debate), de Xavi Ayén

La foto de tapa del libro es emblemática al respecto: rodeada de «sus muchachos» y con un objeto esférico en sus manos (¿el mundo?), la agente literaria Carmen Balcells posa sonriente con García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y el guionista español Ricardo Muñoz Suay. Faltan Julio Cortázar y Carlos Fuentes (que deberían reemplazar a Edwards y Muñoz Suay), y allí estaría formado el dream team del boom. «Apoyaban a la revolución cubana, vivían en Barcelona o bien realizaban visitas periódicas a la ciudad (Cortázar por ejemplo)», enumera como características afines al grupo.

¿Cuáles serían, a su entender, otros rasgos característicos comunes del grupo?

– Es un tema delicado porque cuando hablamos de otros movimientos artísticos-literarios lo que une es una estética común, no sé… Los surrealistas, los románticos por ejemplo. En cambio éstos no tienen una estética común aunque actúan como colectivo. Vargas Llosa no es realismo mágico, pero sí hay un rasgo común definitorio y todos lo creían a ciegas: una idea trascendente de la novela. La novela era aquello capaz de expresar la verdad profunda de la existencia humana y no había nada superior a eso. No hay poetas, es narrativo. Un novelista estaba calificado para hablar de los grandes temas de la humanidad. Pero claro, cada uno aplica esa idea de una forma muy distinta, y por eso a la larga hubo peleas.

El autor con “Gabo” García Márquez
El autor con “Gabo” García Márquez

– Le propongo un juego. Pensemos a los escritores del boom como Los Beatles: tenemos a Lennon y Mc Cartney (García Márquez y Vargas Llosa), Cortázar -el que no vivía en Barcelona ni era representado por Balcells- como Harrison, y Fuentes -el más simpático y seductor de la banda- como Ringo Starr. Pero hay un «quinto» beatle que no llegó al cielo de la masividad ni los millones, un Pete Best: José Donoso. ¿Coincide?

– (Risas). Donoso es el quinto beatle, efectivamente… Les dio conciencia de grupo y escribió un libro maravilloso que retrató el fenómeno (N. de la R: Historia personal del boom). Él no tuvo el éxito comercial de los otros, algunos amigos bromeaban con él diciéndole que había escrito el libro para asegurarse que, cuando hubieran pasado los años, la gente supiera que él había estado ahí. Aparte de sus problemas de salud, él veía cómo iban triunfando comercialmente todos sus compañeros y, cuando Balcells le dijo que había conseguido una traducción de una de sus obras, se alegró mucho. «¡Qué bien! Podré cambiarme de casa!» cuentan que exclamó. Balcells, sin embargo, no tardó en contestarle: «Nada, nada, solo te llega para una nueva máquina de escribir». Donoso vivió muy mal esta ausencia de éxito.

Obviamente hay centralidad en su libro para Vargas Llosa y García Marquez, su amistad, sus desencuentros sobre Cuba, su famosa pelea a las trompadas…

– Bueno siguiendo el juego diría que Patricia Llosa fue Yoko Ono, la que los separó. No me extraña que se hubieran hecho amigos, los dos compartían la misma pasión por la novela (aunque cada uno a su manera). También compartieron el compromiso político con la izquierda, e incluso Vargas Llosa en algún momento le reprochó a Gabo ser «un poco tibio». Pero su carácter era radicalmente diferente: los entrevisté a ambos y mis experiencias no pudieron ser más distintas. Vargas Llosa siempre fue, al menos conmigo, abierto, cercano y bien dispuesto. García Márquez más bien parecía estar en lo alto de una montaña, en un castillo y rodeado de soldados. Sin embargo, debo decir que una vez que me concedió una entrevista fue también muy amable y colaborador, y sin límite de tiempo.

Junto a Mario Vargas Llosa
Junto a Mario Vargas Llosa

En el libro usted cita a Carmen Balcells que los definió como «el mejor alumno de la clase» (Vargas Llosa) y «un genio» (García Márquez).

– Es así, aunque ella se enfadaba porque enseguida quería aclarar que cuando decía que Gabo era un «genio» no quería decir que fuera mejor… A García Márquez y lo he visto así, le ponías un micrófono delante y temblaba, dudaba qué decir. Vargas Llosa es magistral en su oratoria y en cómo expone su inmenso conocimiento. Lo he visto dando clase en Princeton sobre Borges y, hombre, fue el mayor espectáculo que haya visto en mi vida. Magistral, propio de un completísimo intelectual.

Hay una interesante historia sobre él y el momento en que ganó el Premio Nobel, del que usted participó como observador ¿Podría contarla?

– Era 2010 y yo no sabía cómo terminar el libro. Le pedí una entrevista y me invitó a presenciar unos ensayos de una obra de teatro que él dirigía, que protagonizaba Aitana Sanchez Gijón… Allí estuve durante tres días. La tarde anterior al anuncio del Nobel, le pedí me prometiera que si se lo daban a él, me permitiera estar en su casa durante esa mañana. Él me respondió «Ya estoy viejo para eso, no me lo van a dar…» Pero aceptó. Bueno, lo cierto es que al día siguiente sucedió, lo llamé y me recibió. Llegué a la puerta de su edificio, en donde ya estaban todas las cadenas de televisión del mundo, guardé discretamente mi libreta de anotaciones y me anuncié en recepción. Me hicieron pasar y ahí estuve. Mientras se sucedían los llamados de personajes relevantes de todo el mundo y su familia festejaba, yo pasaba como silencioso testigo. De vez en cuando, el hombre sentía tanta euforia por lo que estaba sucediendo que emitía un grito muy agudo, casi un alarido… Mira, hace poco vi la película de Glenn Close y Jonathan Pryce (N. de la R: La esposa) y se acerca bastante a eso que viví esa mañana en el departamento de Vargas Llosa en Manhattan. A él lo único que le preocupaba realmente era la vanidad que podía invadirlo. «Es una enemiga muy poderosa y temida por mí», me dijo.

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