“Recuerdos tristes de un triste viaje”: relato en primera persona, a tres años del accidente que sufrió Huracán en Venezuela

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El micro que trasportaba a los jugadores de Huracán volcó poco antes de llegar al aeropuerto de Caracas (NA)
El micro que trasportaba a los jugadores de Huracán volcó poco antes de llegar al aeropuerto de Caracas (NA)

El 10 de febrero de 2016, luego de un encuentro de Copa Libertadores, el micro que trasladaba a Huracán un sufrió un grave accidente de tránsito en Caracas. De milagro, no hubo que lamentar víctimas fatales aunque los futbolistas Patricio Toranzo y Diego Mendoza, junto con el profe Pablo Santela fueron los más afectados.

Ayer se cumplieron tres años de aquel día y tras una entrevista con Infobae, Leonel Prepotente, kinesiólogo del plantel, compartió un dramático relato el cual tituló: “Recuerdos tristes de un triste viaje”

Leonel Prepotente, kinesiólogo de Huracán
Leonel Prepotente, kinesiólogo de Huracán

Pensativo como muchas veces, me encontraba mirando por la ventanilla del micro, veía pasar los postes de luz en el camino, sin dudas íbamos rápido, bordeábamos barrios y casas, la gran mayoría precarias, pero mi sonrisa se dibujaba en mi cara porque hasta hacía apenas unas horas, Diego (Mendoza) nos había dado un gol clasificatorio a la segunda fase de la Copa, un gran centro de Miralles, y previo a eso un pase filtrado de Pato Toranzo, uno de esos pases que sólo él ve al instante, y muchos como yo una vez que ya está hecho.

Pipi Araujo era el único que llevaba cinturón de seguridad abrochado que, ante las risas de Marcos (Díaz) y Pato, advirtió “como maneja éste, dos cinturones me pongo”. Pero claro, si todos hubiéramos querido colocárnoslo no hubiera sido posible ya que no todos los asientos estaban provistos del mismo.

Saqué alguna que otra foto de las casas, incluso algún video que ante lo sinuoso del camino salió movido y con mala definición de foco. “Nos vamos de la tierra del Comandante”, decía el querido Pablo Santela, preparador físico, y yo para no quedarme atrás lo chicaneaba diciendo “Gracias a Dios, mirá cómo vive la gente” y le señalaba las casas que iban empeorando en condiciones a medida que nos apartábamos más de la ciudad de camino al aeropuerto. “Seguro que el pajarito de Maduro le dice que así está bien”, le retruqué a Pablo mientras el micro entraba a un túnel en medio del camino.

Ahí empezó todo, y cuando digo todo es porque toda la vida pasa por la cabeza en tan solo los 5 minutos, o más, que duró el descenso. 5 minutos que representaron mucho más que 300 segundos. Un gran ruido se sintió, tiempo después me enteré que el chofer, al advertir que se había quedado sin frenos, intentó hacer un rebaje y rompió la caja de velocidades. La montaña con el micro sin frenos y la caja de velocidad rota era nuestra situación en la vida… Veía la cara de mis hijos, la de mi señora, la de mis padres, la tribuna de Huracán, algunos momentos de mi infancia, las mascotas que había tenido, todo eso se mezclaba con la peligrosa vista del precipicio de un lado y la montaña del otro, el constante zig zag del micro esquivando autos con los que se topaba en la ruta parecía una película en 3D. Tan real que éramos los protagonistas. Todos dábamos indicaciones al chofer de cómo tenía que parar ese micro, pero los 120 kilómetros por hora a los que bajábamos era alarmante. Si hay algo que hizo bien ese hombre es resolver la urgencia concentrado en lo que tenía que hacer y no en nuestra desesperación. Mucho ruido, muchos gritos, y una gran sensación de peligro, no tenía sensación de muerte, era raro pero eso es lo que sentía. Pensaba contra qué íbamos a parar, o lo que hubiera sido peor, si caíamos cuesta abajo por el precipicio cuántas vueltas podíamos dar en el vuelco. Con esa sensación de peligro y la vida entera pasando por mi cabeza en forma rápida, fue que opté, por sentarme de costado de tal forma que quedé trabado entre mi asiento y el de adelante, y de esa forma pude ir observando todo lo que pasaba dentro y fuera del micro, porque puedo asegurar que en situación de peligro no existe ser humano al que no se le agudicen los sentidos. Así estaba yo, el de al lado, el de atrás y el de adelante, todos estábamos en un máximo de alerta, incluso algunos pensaron tirarse del micro en movimiento, pero sólo el chofer tenía el control de la situación en su volante, cuando digo control, es, exactamente lo contrario. Estábamos dentro de una caja de metal con ruedas librados al propio destino.

El preparador físico Pablo Santela baja del avión sanitario que lo trajo de Venezuela luego del accidente sufrido por el plantel de Huracán (NA)
El preparador físico Pablo Santela baja del avión sanitario que lo trajo de Venezuela luego del accidente sufrido por el plantel de Huracán (NA)

De repente, un impacto contra la camioneta que transportaba nuestra utilería hizo sacudirnos, después otro, luego entendí que intentaron esa maniobra para ir frenando el micro, cosa que no tuvo éxito, los topetazos eran con mucha potencia por la diferencia de tamaño del micro en relación a la camioneta, éramos como una locomotora lanzada a toda velocidad.

Pero ese día no era el último para nuestra historia, llamalo Dios, suerte o destino el chofer de la camioneta que llevaba la utilería sacó su mano por la ventanilla y le señaló al audaz que manejaba el micro una rampa de frenado, la última antes de entrar en el valle donde estaba el aeropuerto, fue ahí que con un volantazo hacia la derecha nos metimos en ese camino de piedras de canto rodado con rampa ascendente.

Fotografía de la cuenta de Twitter del delantero de Huracán, Diego Mendoza, hospitalizado en Venezuela luego del accidente ocurrido ayer. Pato Toranzo fue el otro futbolista que más padeció el accidente (NA)
Fotografía de la cuenta de Twitter del delantero de Huracán, Diego Mendoza, hospitalizado en Venezuela luego del accidente ocurrido ayer. Pato Toranzo fue el otro futbolista que más padeció el accidente (NA)

La velocidad que traíamos era tanta que llegamos hasta el final de esa bendita rampa, aproximadamente 100 metros de piedra blanda pararon nuestra inercia, arriba chocamos con parte de la montaña, estalló el parabrisas y una pausa sin movimiento ni grito alguno reinó un instante, pero muy breve, tan breve que empezamos a irnos marcha atrás en forma descendente, nuevamente todos los protagonistas de esa película empezamos a dar indicaciones de que volcara el micro el chofer, ese hombre que había manejado muy mal durante todos nuestros traslados en la estadía en Caracas, ese día había hecho todo bien desde el momento que se rompieron los frenos. Volanteó y la parte trasera del micro impactó contra la montaña, volcando así hacia nuestra izquierda, parecía que el viaje acababa ahí, pero le faltaba la frutilla a este gran postre, porque luego del vuelco derrapamos varios metros cuesta abajo…

Final de nuestro viaje.

Todo lo que continuó ya no fue bitácora y relato de este viaje, sino que fue de otro que comenzó en el momento que pudimos salir todos con vida por la puerta de emergencia del techo del micro, algunos con heridas físicas y todos con heridas emocionales y continuas hasta el día de hoy, donde cada mañana me doy cuenta que Dios, el destino o la suerte quiso que ese día no fuera el último. 10 de febrero del 2016.

Leonel G. Prepotente, kinesiólogo de Huracán.